PRESENTACIÓN
Dentro del ámbito educativo, un tema de interés que resulta importante y actual para pedagogos, educadores e investigadores es el que se refiere a la escuela y su organización escolar, no sólo por constituirse como un asunto nuevo, sino porque en sus antecedentes históricos se define un origen relacionado con modelos empresariales y administrativos, los cuales han encontrado encubierto la realidad del "funcionamiento escolar". Esta perspectiva ha fenerado conceptos y pensamientos derivados de experiencias de organizaci´`on en el mundo productivo que resultan atractiovos por su utilidad para legitimar normas y actuaciones en la escuela que ahora se compara con una empresa.
Mi Confrontación con la Docencia
Mi Confrontación con la docencia es el título de este trabajo, que constituye una reflexión realizada en el primer módulo de la especialidad, correspondiente a la primera unidad. En él, voy a abordar la manera en la que me enfrente a las expectativas al elegir una carrera que actualmente es mi profesión.
Para desarrollar esta reflexión, así como para fortalecer su enriquecimiento conceptual y argumentativo, tomo en cuenta los comentarios que he recibido en los distiuntos foros de la especialización "Especialización en Competencias Docentes", tanto por parte de mis compañeros y de los tutores de grupo. Retomo también algunas ideas que Steve, en su trabajo “La aventura de ser maestro” hacen alusión a las competencias que son indispensables de dominar por parte de quien se dedica a esta ardua labor.
En lo personal, esta lectura me hizo pensar en cómo ha sido mi propia aventura en esta construcción de mi historia como profesora de Educación Media Superior, así como del surgimiento de la idea de ser docente.
Hablo también sobre la manera en la que me incliné por estudiar la Licenciatura en Pedagogía y la retomo como una oportunidad de ser una profesionista bien preparada, con miras a mejorar la educación o, con miras de darle a mis futuros alumnos, mis aprendizajes y mis ganas de iniciarme en la docencia.
El Inicio de una Vocación
Hace ocho años, egresé de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco como Licenciado en Pedagogía, fue una gran satisfacción personal obtener un título que tanto había soñado y por el cual, me había decidido conseguir con constancia y dedicación. Recuerdo que elegí esta carrera porque en mis adentros, una voz repetía: “Quiero ser Profesora”. Con esta ilusión fui dando los primeros pasos para definir mi vocación.
Ahora que lo reflexiono como profesionista y, sobre todo, como pedagoga, mi llegada a la docencia fue desde una postura consciente, es decir, convencida de lo que deseaba para mi futuro. Vociferaba entre mis maestros de la Prepa que quería ser maestra, aunque no sabía con claridad en cuál Universidad iba a estudiar. Quería elegir la mejor, porque quería ser la mejor, así como los profesores que tuve alguna vez.
Estudié en una Preparatoria Oficial, aunque en un principio había soñado en irme a un CCH o a Bachilleres, era el sueño de la juventud, pero mi única posibilidad fue ir a prepa oficial. Con el paso del tiempo en dicha escuela fui acoplándome a las condiciones y normas de la misma. Me fui sintiendo atraída por la manera en la que se hacían las cosas en la escuela. Me sentía orgullosa de estar como alumna. Al ver a mis docentes y escuchar sus maravillosas clases, me di cuenta de algo: Iniciaba mi deseo de ser maestra. Desde ahí comenzó a tomar forma la labor que ahora desempeño con mucha motivación y optimismo. Recuerdo que fui parte de las generaciones a las que tocaron puertas en diferentes sistemas de bachillerato porque no existía el exámen único, así que tuve que entrar a esta modalidad de formación.
Veía a mis profesores con tanta admiración, sus clases me atrapaban y decía en mis adentros: “Yo quiero ser así como él”.
Presenté exámen para la Normal de Maestros y para la Pedagógica, bueno, debo confesar que también para la UNAM. No me quedé en la última, pero en la Normal si y me puse feliz, fui seleccionada de entre tantas estudiantes y solo 17 alumnas se quedaron. Todo iba bien en ese momento, pero cuando salieron resultados de la Pedagógica, me cambió el semblante. También fui aceptada, el único inconveniente era que me quedaba a más de dos horas de mi domicilio y la normal solo a media hora. Tenía que decidir aunque ya había comprado uniformes y había pagado cuotas de inscripción. La decisión, me fui a la UPN. Una excursión diaria, pero valió la pena.
El único inconveniente que enfrenté durante mi preparación como profesional de la educación, fue que la mayoría de mis maestros, ubicaba al egresado de la Normal, dando clases en escuela.
Al egresar de la Licenciatura, llegó al mismo tiempo una falta de identidad en el campo profesional que provocó angustia y un poco de desatino, ya que no sabía ni a dónde ir a ofrecer mis servicios como profesionista.
La primera oportunidad se dio dentro de una escuela primaria. Tenía toda una enciclopedia de términos en mi vocabulario listos para impresionar a cualquiera de mis compañeros. Ahora lo veo hasta gracioso, pero esos primeros acercamientos a la docencia, ¡los sufrí¡, sobre todo cuando me preguntaron: “¿Qué harás para recibir a tus alumnos?”, pensé: “¿Cómo que qué haré?”, no sabía qué hacer, así que me dediqué a preguntar a mis otras compañeras, algunas, muy dispuestas, me aconsejaron, otras, me dijeron: “lo que quieras”. Realmente no lo sabía.
El primer día de clase fue tedioso, a cada rato veía el reloj, los silencios resultaban incómodos, los bostezos de los alumnos en mi cara, me hacían pensar:”Soy aburrida”. Cuando dirigía preguntas a estos alumnos de quinto año de primaria, simplemente se limitaban a observarse mutuamente y no hablaban. También los sentí espantados.
Steve en su trabajo “La aventura de ser maestro” me hizo recordar cómo, en forma de súplica, pedía que pasara corriendo el tiempo o que alguien interrumpiera la clase para poder salir de un clima que se había convertido en tensión y en apatía de parte de los alumnos y de la propia profesora. Nadie me rescató, solamente mis intuiciones y esa vocación que comenzaba a despertar. Llegó el momento de improvisar si el plan se había agotado.
¿Cómo me percibía como docente en aquel momento?, inseguro, falto de conocimiento sobre cómo dirigir una clase, ni siquiera sabía cómo hablarles a los niños o en qué tono. Me sentí frustrada y en desventaja. Observaba cómo mis compañeras de trabajo salían tan felices de su salón, hasta revisaba las caritas de sus alumnos, yo decía: “Sonríen y los míos no”, “¿Será que no estoy haciendo bien mi trabajo?^”, “¿Qué haré?. Por lo general me acercaba a alguna compañera de mi entera confianza. Mis calificaciones de la universidad prefería callarlas, sentí que no las merecía, ni siquiera las mencionaba con mis compañeras.
El tiempo y la convivencia con dichos alumnos, me fue guiando y permitiendo hallar respuestas. A medida que pasó el tiempo, fui desenvolviendo de manera más fluida mi quehacer docente. Descubrí que a veces tenemos que usar el lenguaje de los alumnos para poder explicar un tema, sobre todo los de matemáticas. Eso me funcionó. Mis alumnos se motivaron más conforme generé más confianza con ellos. En cuanto a la disciplina, no tuve problema. Recuerdo que el director de la escuela comentaba en junta: “A la única que no he escuchado gritar es a la profesora Verónica, tal vez ella los domina con la mirada”. Algo hay de eso, pensaba en mis adentros, aunque también utilizaba el diálogo con los niños, les solicitaba orden y buen comportamiento, les tocaba el ego, les decía:”Son alumnos de quinto, recuerden, no niños de primero, ustedes pueden controlarse en eventos serios, no necesitan que el profesor esté sobre ustedes”, esas palabras mágicas me funcionaron durante un año, no olvidé por supuesto que como niños, juegan, gritan, corren y se divierten.
Me enamoré de quinto de primaria. Fue una experiencia fantástica como docente. Me permitió desarrollar sensibilidad y dar forma a mis saberes en la práctica diaria. Recuerdo que no sabía ni cómo organizar una junta con los papás, ni cómo elaborar mi planeación o cosas tan sencillas como asentar una calificación en el cuaderno de matemáticas. Ahora me divierte recordar mis miedos e inseguridades en este nivel, pero veo como se fue dando mi crecimiento profesional. Comencé desde cero prácticamente.
De la primaria di un salto al Nivel Medio Superior, en Orientación. ¡Qué tarea!. No quería salir de mi cubículo. Tenía pavor de hablarles a los jóvenes de preparatoria. Recuerdo que no sabía ni cómo dirigirme a los papás, a los propios alumnos que exigían otro nivel del profesor, a los profesores con tantos años de experiencia, qué les iba a decir o a exigir como orientadora.
Conforme me acerqué a los demás orientadores, me atreví a interactuar más con los grupos a mi cargo. Fui conociendo más el papel del orientador en este nivel, fui construyendo mayor experiencia. Ahora lo complicado no eran los alumnos, sino además los papás y todos sus problemas familiares. Me costó mucho esfuerzo, mantener la objetividad y ser asertiva en mi encuentro con los papás de los alumnos. Trataba de escuchar cómo resolvían o enfrentaban las problemáticas las demás orientadoras y a veces copiaba ciertos argumentos. En alguna ocasión le pregunté a una orientadora, ¿cómo tengo que ser en mi papel de orientadora? Pues estaba realmente angustiada de no saber cómo actuar, y recuerdo que dijo: “Se tu misma” y en efecto, fui desarrollando una personalidad particular en mi manera de dirigirme a los alumnos, a los padres de familia, a los profesores y demás personas de la institución. Tenía que aprender a dar órdenes o indicaciones.
Una clave importante fue acercarme a mis compañeros para preguntar: ¿Cómo le haces para resolver esta situación?, con frecuencia compartía con ellos mis encuentros con padres y alumnos. Esta apertura de mis compañeros y la propia por aprender, me fue de utilidad para construir mi saber en el ámbito de la Orientación Educativa.
Salté otra vez a kínder, luego a secundaria y por último a preparatoria. Durante esos cambios tan bruscos, he podido mirar de manera muy general lo que implica ser docente en cada uno de los niveles y la verdad, esta experiencia de convivir con jóvenes de Bachillerato me ha dado enormes satisfacciones como persona y como profesionista.
Hace unos meses, participé en el exámen de oposición de plazas federales para nivel primaria. Aprobé el exámen. Gané una plaza. Después de unas semanas de enorme tensión emocional al no saber que decisión tomar, llegué a la conclusión de que la Prepa es el sueño que me forje en la adolescencia y elegí quedarme en este nivel que tantas satisfacciones me ha dado.
Me siento feliz de ser profesora, satisfecha de lo que elegí. Es cierto que tengo momentos de inseguridad, sobre todo cuando me enfrento a materias nuevas o a situaciones de indisciplina de parte de los alumnos, cuando me enfrento a sistemas de nepotismo.
Como pedagoga me he sentido en desventaja, cuando he tocado puertas me dicen “no” porque no egresé de la Normal. Me hacen pensar que es una inseguridad del propio sistema educativo y se aferran a la idea de mantener la burocracia en lo educativo.
En mi practica como docente he podido dominar inseguridades y la adquisición de experiencia me hacen sentirme motivada para entrar al salón con mis alumnos, ahora tengo 24 horas en el turno de la mañana, soy mamá que educa a dos niñas, sin presencia del padre, eso me motiva aún más, debido a que quiero ser mejor como profesionista para acompañar a mis alumnos en su formación y a mis propias hijas. Estar en esta especialidad me permite compartir puntos de vista con compañeros que al igual que yo, están insertos en lo educativo y, sin importar el área de su formación, para mí, son docentes que comparten preocupaciones pedagógicas y contribuirán a mi propia trayectoria como profesional de la educación.
En la actualidad trabajo en la Prepa 210, una escuela de nueva creación, estoy frente a grupo, una nueva experiencia en mi curriculum. Cuando comencé en esta nueva aventura, constantemente me preguntaba: “¿Realmente estarán aprendiendo mis alumnos?, ¿Lo que hago es correcto?, ¿Cómo hacen los demás profesores para mantener la disciplina en el salón de clases?, ¿Por qué estaré padeciendo tanto esto de dar clases en prepa, en lugar de disfrutarlo y gozarlo como en mis inicios?, eran una serie de cuestionamientos sobre mi propia docencia, a veces pensaba que los demás profesores sí podían dominar el contenido de su materia y, al mismo tiempo a sus alumnos, los notaba sumamente tranquilos , pero conforme platicaba con ellos, notaba que tenían necesidades o preocupaciones parecidas a las mías, me identificaba con su labor, decía en mis adentros, “esto es lo que tenemos que hacer para ser docentes”.
Ahora que estoy en la especialización de PROFORDEMS, he podido reflexionar más sobre mis acciones docentes. Conforme reviso los escritos de mis compañeros, evoco recuerdos propios, me identifico con preocupaciones y lo que compartimos como docentes se puede englobar en ciertas problemáticas que también trastocan y aquejan mi labor como docente, puedo mencionar que los docentes percibimos en nuestras jóvenes generaciones, una falta de optimismo y de compromiso para afrontar su propio proceso de formación, ya que los notamos con apatía, falta de entusiasmo y con una actitud a la defensiva. Consideramos como fundamental, planear nuestras clases, con el objetivo de hacer rendir tiempos y espacios, tomando en cuenta que la planeación es flexible y modificable, pues algunas veces, los grupos tienen ciertas necesidades que el docente también atiende, pues la convivencia con los alumnos no deja de lado la parte de humanidad que existe en la docencia, tal como lo menciona Steve: “…el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento.”(pág.2).
Iniciar esta especialización me ha permitido ser más reflexiva de mi práctica y, al mismo tiempo, activar aquellas competencias que como docente he definido en este trayecto de ejercer mi profesión. Reconocer las necesidades de mis compañeros de grupo me ha llevado a reconocer las propias. Saber diferentes trayectorias profesionales ha sido de mucho beneficio porque puedo comparar y extraer puntos de convergencia y de divergencia de mi propia trayectoria con la de los otros. Eso enriquece mi formación continua y me permite mirar lo que se hace desde otra historia, desde otro contexto social y cultural.
Del mismo modo, saber sobre el otro, me permite conocer cómo se solucionan problemáticas que permitan una mejor dinámica laboral. Ser analítico de mi propia acción docente para activar mis competencias, para activar mis saberes, mis conocimientos, actitudes, valores, aptitudes y toma de decisiones en la práctica diaria.
A modo de conclusión puedo decir que la formación que se desarrolla en la Universidad, dista de la realidad que se vive en las escuelas, como dicen algunos, en el campo de acción. La teoría que forma parte de esa formación inicial, es funcional para explicar algún hecho que ocurre en la realidad, en cambio, la realidad da paso a que se generen nuevos conocimientos, nuevas formas de encauzar acciones o de activar las competencias de los profesores.
La teoría permite dar explicaciones de la cotidianidad, pero estando en ella, la acción docente se proyecta en distintas maneras. Las preocupaciones docentes comienzan a tomar forma y las respuestas a la práctica misma se van formando a través del quehacer diario. La escuela, es un espacio de Formación continua.
El campo de acción de los profesores opera en la realidad. Los conceptos y teorías nos permiten explicar para entenderla, en cambio, no son absolutos y se requiere renovar ideas, formas de percibir la realidad, enunciar nuevos conceptos y formar un profesional de la educación para reconstruir el sistema educativo de nuestro país. Pasarán algunos años hasta que se cuente con un profesional cuya preparación vaya a la par de los requerimientos de la sociedad actual.
Comprendo en esta actualidad que la escuela no es un lugar al que asisten alumnos para aprender un conocimiento socialmente válidoyúnico, pues su implicación en la misma hace que los integrantes de toda la comunidad educativa vayan elaborando formas de entendimiento en torno a su realidad, sobre la convivencia con los otros, la participación, la tolerancia, etc., que no se dan de manera directa cuando el maestro los imparte como un tema en clase. La escuela es un lugar de convivencia en donde se rebasa la relacion intencionada de enseñanza-aprendizaje, que se supone debe prevalecer en toda institución, hoy, es una construcción, permanente. Ball indica: "...cuanto más involucrados están los protagonistas de la escuela, tanto más probable es que deseen influir en su políticay Ethos para cambiarla y convertirla en el tipo de lugar donde quieren trabajar" (BALL, pág. 80,1994).
Considerada asi, la escuela no es el lugar en el que el maestro sólo trabaja y transmite conocimientos, sino que es un espacio importante para su propia formación como docente, ya que es en la escuela en donde comienza a ser, además es en la cotidianidad escolar donde el docente experimenta lo que puede, lo que quiere o no quiere ser, constituyendo acciones, saberes y preocupaciones que le otorgan identidad, confrontándose con la profesión que eligió: la docencia.
A medida que paso tiempo como docente me doy cuenta de que elegí una vocación que llena emociones personales y profesionales, a diario entonces, me confronto conmigo misma, con mi papel, resignifico lo que hago en el aula, lo cuestiono, lo evaluo y lo mejoro. Tengo fallas es cierto, en cambio, la evolución como profesionista permite que el saber se consolide y que las necesidades dentro de mi práctica, me lleven a la búsqueda de nuevas formas de ser docente.